1 Pedro 5:7 (NTV)
Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque él cuida de ustedes.
Una de las cosas que nos han enseñado es que no se puede dar de lo que no se tiene y eso podrá ser cierto, pero para aquellos que no tienen al Señor en su corazón, porque si lo tenemos a Él sabemos que Él es una fuente de la que fluye todo aquello de lo que carecemos. Cuando nos sentimos ansiosas, afanadas y aún disgustadas, somos impacientes e intolerantes y nuestras manifestaciones de bondad desaparecen. Este estado nos hace estar lejos de mostrarnos bondadosas y mucho menos poder mostrar la bondad de Dios.
La bondad no es nuestra, la bondad es de Dios, viene de Él, y si nos sentimos mal, y si nos sentimos mal, estamos necesitando urgentemente recibir de su bondad en nuestra vida, para que al recibirla no sólo nuestra actitud cambie, sino que también al recibirla la podamos dar. La ansiedad no es buena compañera, no debemos caminar con ella, nos hace sentir torpes, frustradas y hasta amargadas.
Te dejamos unas recomendaciones para que, en aquel día malo, en que te sientes ansiosa y agobiada, puedes poner en práctica:
- Estad quietas delante de Él. ¡Detente!
- Has que tu corazón y espíritu estén quietos. Callada, solo reposando delante del Señor.
- No sigas corriendo, pensando en la situación que te daña, ora a Dios y pídele que te de calma.
- Escucha y canta a la vez esas alabanzas que en un principio te hicieron amarlo. Esas canciones que en ese primer amor te llevaron al cielo y experimentaste ese amor por Él y su gran amor por ti.
- En medio de ese canto háblale de la situación que estás viviendo, cuéntale de tu necesidad.
Cuando termines este tiempo podrás experimentar la calma y su bondad será derramada sobre ti, de tal manera que querrás darles a otros de la bondad y la paz que tú has recibido.
Desafío de la semana:
La Palabra nos anima a depositar toda ansiedad sobre Él.
Si en esta semana hay alguna situación que te tiene ansiosa, practica estos consejos y experimenta su paz sobrenatural.